Da, cambia y cancela citas
Trabaja sobre la agenda real y solo ofrece huecos que existen. Nada de «le llamamos para confirmar»: la cita queda puesta durante la llamada.
Coge el teléfono, da la cita sobre su agenda de verdad, abre el aviso con su plazo y cobra si hace falta. Usted lo ve después turno a turno, con lo que consultó y con quién se quedó cada cosa.
4 h
De fecha de compromiso, puesta sola6
Por cita como mucho, con enlace para cancelar10-12 s
De grabación, con consentimiento de esa persona5
Para repartir quién ve y quién toca quéHabla, escucha y va haciendo: mira la agenda, consulta sus sistemas y deja cerrado lo que se pueda cerrar antes de colgar.
«Clínica Soler, buenos días. Le atiende un asistente de inteligencia artificial. ¿En qué puedo ayudarle?»
«Quería pedir cita para una revisión, a ser posible el jueves por la mañana.»
«El jueves a las 10:00 con la doctora López. Se la dejo apuntada y le mando el recordatorio.»
El hueco de las 10:00 existía en la agenda antes de ofrecerlo, y queda bloqueado al darlo.
Trabaja sobre la agenda real y solo ofrece huecos que existen. Nada de «le llamamos para confirmar»: la cita queda puesta durante la llamada.
Si ese teléfono ya está en una ficha, saluda por su nombre y sigue por donde se quedaron. Si no, abre la ficha él mismo mientras habla.
Facturas, deuda pendiente, disponibilidad, contratos. Lo pregunta a su sistema en ese momento y no se queda una copia de esos datos.
Quien llama cuelga con un número que puede repetir, y el aviso aparece en la bandeja con su plazo puesto.
Cuando el asunto no es para él, la pasa a quien esté aceptando llamadas en ese momento, sin que haya que contarlo todo otra vez.
Si quien llama viene enfadado, responde con una voz más empática. Y si le hablan encima, se calla y escucha, como haría cualquiera.
Una columna por profesional, fichas que se escriben solas y recordatorios que salen a su hora para que el hueco no se pierda.
El día entero de un vistazo, con el horario de cada persona y sus servicios. Fuera de horario no entra nadie, ni por teléfono ni a mano.
Cada llamada deja su ficha. Los duplicados se fusionan en una, y quien falta a menudo aparece marcado como riesgo de ausencia antes de darle la cita.
Salen solos, a la hora que usted diga, con un enlace para que la persona cancele ella misma. Lo que se cancela a tiempo vuelve a la agenda y se puede volver a dar.
El agente da la cita con la duración que toca porque sabe qué servicio ha pedido quien llama, cuánto dura y cuánto cuesta. Usted lo cambia en el panel y lo dice distinto en la llamada siguiente, sin tocar nada más.
Quien prefiere escribir, escribe. El agente contesta por WhatsApp con el mismo conocimiento y las mismas herramientas que usa al teléfono: consulta la agenda, da la cita, abre el aviso y manda el enlace de pago. La conversación va y viene por escrito, y termina con lo mismo cerrado que si hubiera llamado.
De ahí salen también las confirmaciones al dar una cita, los recordatorios y el aviso de un mensaje de voz, con el número del negocio o con el nuestro. Todo va incluido en el precio. La sincronización con calendarios de otros proveedores llega próximamente.
El agente abre el aviso durante la llamada, o lo abre su equipo desde el panel. La prioridad pone el plazo, y arriba de la lista está siempre lo que pide atención ya.
La fecha se pone sola al abrir el aviso, según la prioridad con la que entra.
| Prioridad | Plazo |
|---|---|
| Urgente | 4 horas |
| Alta | 24 horas |
| Normal | 72 horas |
| Baja | 7 días |
Si un aviso se pasa de fecha, deja de estar en la lista normal y se pone arriba, marcado.
Cada aviso tiene una página propia con un enlace privado: ahí se ve la referencia, en qué punto está (recibido, en curso, resuelto), el día en que se abrió y el día antes del que usted se ha comprometido a resolverlo. Solo lo ve quien tiene ese enlace.
Se prepara en el panel, se ensaya, y cuando suena bien se publica. Lo que no haya pasado por ahí no sale por teléfono.
Cada agente se prueba desde el propio panel: usted le habla, escucha cómo responde y corrige lo que no le guste. El cambio solo llega a la línea cuando usted lo publica.
Se graban diez o doce segundos de una persona de su equipo, con su consentimiento expreso y dejando constancia de quién grabó y cuándo. Cada voz puede tener además una versión más empática para las llamadas que llegan torcidas.
Puede escribirlo usted, importarlo de lo que ya tenga, o dejar que lo consulte en vivo en su sistema cada vez que haga falta. Lo que cambia a menudo (dinero, disponibilidad, salud) se consulta en el momento y no se guarda por el camino.
Por cada campo que llega de su sistema usted elige tres cosas: si el agente lo dice tal cual, si solo lo confirma a medias (los cuatro últimos números, la inicial) o si no sale de ahí en ninguna llamada. También puede exigir que quien llama se identifique antes de oír nada suyo.
La señal de la reserva, la revisión que se acaba de hacer o la cuota del mes: el agente lo cobra en la misma llamada en la que se habla de ello.
El agente manda el enlace al móvil de quien llama y espera con él a que lo abra, por si algo falla.
Para quien no se maneja con enlaces. De la tarjeta solo se guardan los cuatro últimos números.
Mensualidades y bonos que se dan de alta en la llamada y siguen cobrándose solos cada periodo.
Desde el apunte se salta a la conversación que lo originó y a la cita a la que corresponde, así que cuadrar la caja se hace en un rato.
Dos cosas que se echan de menos cuando el teléfono lo lleva una máquina: saber cómo va el negocio y poder reconstruir lo que pasó.
Se escribe la pregunta como se diría en voz alta y la respuesta llega con la cifra y con el desglose. La cuenta la hace el servidor sobre sus datos: el modelo entiende la pregunta, pero no inventa el número.
«¿Cuántas citas se dieron por teléfono la semana pasada?»
128 citas, de 194 llamadas atendidas. 31 se cambiaron después y 9 se cancelaron.
Si la pregunta no se puede contestar con sus datos, lo dice en vez de rellenar el hueco.
Quién cambió qué y cuándo: el guion de un agente, un precio, un horario, el plazo de un aviso. Queda anotado con nombre y hora, y también cada vez que alguien escucha una grabación.
La bienvenida, la voz, las extensiones, los grupos y qué pasa cuando no queda línea libre. Todo en una pantalla, y todo se cambia sin llamar a nadie.
Se graba una vez y suena en cada llamada, justo después del aviso de que atiende una inteligencia artificial.
Si todas las líneas están ocupadas, usted decide qué pasa: esperar por orden de llegada, dejar un mensaje, o las dos cosas.
Los teléfonos de su gente, repartidos por departamento o por sede, y quién acepta llamadas a cada hora.
Cuando alguien pide hablar con una persona, la llamada sale hacia quien esté disponible en ese momento.
Montamos un agente con sus servicios y sus horarios, usted llama, pide cita, la cambia y pregunta por una factura. Y luego lo mira todo en el panel, escrito.